Uno de los problemas menos visibles, pero más dañinos en la crisis de opioides, es el estigma. En Puerto Rico, todavía persisten discursos que reducen el trastorno por uso de sustancias a una falla moral, una debilidad personal o una conducta que debe castigarse en vez de atenderse.
Esa visión no solo es errónea, sino peligrosa, porque aleja a muchas personas del tratamiento, retrasa conversaciones importantes dentro de las familias y limita la capacidad de respuesta de las comunidades.
Cuando una persona teme ser señalada, humillada o rechazada, es menos probable que busque ayuda a tiempo. Lo mismo ocurre con familiares que detectan señales de alerta, pero prefieren callar por vergüenza o por miedo a “qué dirán”.
La respuesta a esta crisis requiere un cambio de lenguaje y de actitud. Hablar del trastorno por uso de opioides como un asunto de salud pública no suaviza su gravedad; al contrario, permite enfrentarlo con más seriedad, más humanidad y mayores posibilidades de salvar vidas.
Buscar ayuda a tiempo es la clave para reducir los casos de uso inadecuado de los opioides. Para más información puede comunicarse a través de la línea NaPro 787-765-2929, ext . 2253, o opioides@salud.pr.gov.
Powered By EmbedPress
