Los opioides pueden afectar varios sistemas del cuerpo humano, y uno de los impactos más peligrosos ocurre en el sistema respiratorio. La guía advierte que estos fármacos pueden inhibir el centro respiratorio en el tronco cerebral, reduciendo la frecuencia y profundidad de la respiración hasta niveles que pueden causar una sobredosis mortal.
En el sistema cardiovascular, el efecto suele ser leve cuando se usan dosis terapéuticas, pero el uso crónico o en dosis altas puede provocar bradicardia e hipotensión. El riesgo aumenta aún más cuando los opioides se combinan con otros depresores del sistema nervioso central, como el alcohol o las benzodiacepinas.
El sistema digestivo y el endocrino también pueden verse afectados. El tránsito intestinal se vuelve más lento, lo que provoca estreñimiento crónico, mientras que el uso prolongado puede alterar la producción de hormonas sexuales y afectar la respuesta al estrés, la fertilidad y la libido.


